Es el síntoma número uno y tiene un responsable casi fijo: el termopar, la válvula de seguridad del encendido. Es el sensor que detecta la llama para mantener el gas abierto; cuando se desgasta, corta apenas soltás la perilla aunque la llama esté perfecta. Te lo explicamos a fondo en esta nota sobre qué es el termopar y por qué es la falla más común en equipos a gas.
El recambio de la pieza es una de las reparaciones más rápidas del rubro y en general se resuelve en la misma visita.
Si la estufa ni siquiera arranca, lo primero es descartar lo obvio: que llegue gas (¿andan las hornallas de la cocina?) y que la llave de paso esté abierta. Descartado eso, lo más común es el quemador o el piloto sucios —el polvo acumulado durante los meses sin uso es un clásico del primer encendido del año— o el sistema de encendido (la chispa) gastado.
Una limpieza de quemador y piloto suele resolverlo. Si la chispa no salta, se revisa el encendedor.
Si al intentar encenderla sentís olor a gas, no sigas probando. Cerrá la llave de paso, ventilá el ambiente y no acciones interruptores de luz. Las pérdidas de gas en estufas son más comunes de lo que parece —a veces es apenas olor al encender o una llama irregular— y son un tema de seguridad: la revisión va cuanto antes, no "cuando se pueda".
La llama de una estufa sana es azul y pareja. Una llama amarilla, alta o que baila indica mala combustión: quemador sucio, mala regulación de aire o un problema de ventilación. Además de calentar menos, una mala combustión puede generar monóxido de carbono, así que también entra en la categoría de "revisar ya".
Si la estufa se apaga al soltar la perilla, si hay olor a gas, si la llama sale amarilla o si el equipo estuvo años sin service, conviene la visita: revisamos el encendido, el termopar, la combustión y las conexiones, y el equipo queda andando y seguro para todo el invierno. El presupuesto es sin cargo.
Llamanos o escribinos por WhatsApp. Revisamos el equipo y te pasamos el presupuesto sin cargo.